Texto: David Enriquez
Ilustración: Mario A. Tassías

Síguete fielmente a ti mismo.
Friedrich Nietzsche

En Diario de un genio (2010), Salvador Dalí narra distintos episodios de su inusual vida, como la ocasión en que le expulsaron del movimiento surrealista liderado por el francés, André Breton. “Fui un estudiante tan concienzudo que rápidamente me convertí en el único surrealista integral” (p. 27), afirma.

El joven Dalí, por otra parte, que aún no practicaba su famoso método crítico-paranoico, ni el surrealismo, aparece también en las páginas de este diario, buscando definirse estilísticamente entre amigos como Federico García Lorca y Luis Buñuel. Es en esta época cuando, en la biblioteca de su padre, Dalí descubre la obra del filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, quien le marca de una manera extraña y sobresaliente.

¿Es posible que los puntiagudos bigotes del catalán fueran una contestación a los caóticos bigotes de Nietzsche? No sólo eso; bastante de la figura y el pensamiento de Dalí, en Diario de un genio, se presenta como una respuesta al autor de Voluntad de poder. El deseo daliniano de conquista de lo irracional, el hecho de que fuera expulsado del seno familiar y el fervoroso catolicismo que le caracterizó en la madurez, fueron sólo algunos efectos del encuentro de Dalí con Nietzsche.

En este punto debe comprenderse que, más que una influencia, la filosofía nietzscheana representó un reto para Dalí, quien resolvió las cosas a su manera: al ateísmo del alemán, responde con las virtudes del misticismo cristiano; al caos tras el declive de la razón, con su “conquista de lo irracional” (Dalí, 1977).

“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco” (Dalí, 2010, p. 24), afirmó, luego de formarse la opinión de que Nietzsche tuvo la debilidad de perder la razón. Para distinguirse incluso de los catastróficos bigotes del filósofo, repletos de música wagneriana y brumas –reflexiona el joven Dalí (2010)–, él desea unos bigotes afilados, imperialistas y ultrarracionalistas, que apunten al cielo, como el misticismo vertical, o como los sindicatos verticales españoles.

Finalmente, mientras el concepto nietzscheano superhombre alude a una voluntad con la fuerza para invertir valores y crear sus propias verdades, formas y fines, el superhombre en Dalí (2010), de acuerdo con él, está destinado a ser una supermujer: Gala, su esposa, “la única mujer mitológica de nuestro tiempo”(p. 15). Esta lectura genera un desplazamiento del concepto superhombre, hacia la supermujer, que transvalora al mismo Nietzsche, al afirmar el artista su diferencia. Dalí no repite al superhombre; él es la supermujer.

A continuación un fragmento de Diario de un genio, con la intención de que esta breve lectura invite a continuar curioseando la obra pictórica y escrita del artista catalán, Salvador Dalí (2010):

“Cuando descubrí a Nietzsche me quedé atónito. Vi que tenía la audacia de afirmar en letras de molde: «¡Dios ha muerto!». ¿Cómo se explicaba esto? ¡Llevaba yo tiempo aprendiendo que Dios no existía, y ahora alguien me comunicaba su defunción! Zaratustra se me antojaba un héroe fabuloso, cuya grandeza del alma yo admiraba, pero al mismo tiempo se daba a conocer con unas puerilidades que yo, Dalí, hacía mucho que había superado. ¡Llegaría un día en que yo habría de ser más grande que él! El día en que empecé a leer Así hablaba Zaratustra, me formé ya mi concepto de Nietzsche. ¡Era un hombre débil, que tuvo la debilidad de volverse loco! Estas reflexiones me proporcionaron los elementos de mi primera consigna, aquella que, andando el tiempo, acabaría por convertirse en el lema de mi vida: «¡La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco!»” (pp. 13-24).

 

Bibliografía
Dalí, Salvador. (1977). La conquista de lo irracional. Barcelona: Ariel.
Dalí, Salvador. (2010). Diario de un genio (Beatriz de Moura, trad.). México: Tusquets Editores.
Nietzsche, Friedrich. (2011). Así habló Zaratustra (Andrés Sánchez Pascual, trad.). Madrid: Alianza.