Texto: María del Carmen Trejo
Ilustración: Gaby Ramos

Mientras camino entre la hilera de tumbas color negro veo rostros conocidos, pero mi mente se niega a recordar el nombre de las personas que transitan en sentido contrario al mío. La densa neblina me impide ver el precipicio al que estoy a punto de caer. Cuando mi pie resbala provocando que pierda el equilibrio, escucho a lo lejos una alarma que insistentemente anuncia la hora de despertar.

No hay duda, tuve otro sueño que se irá desvaneciendo en el transcurso de minutos, horas o días hasta quedar instalado en el olvido. Muy pocos permanecen en el recuerdo, algunos se hicieron presentes con tal realismo que solamente al escuchar mi llanto fue posible salir de ellos. Otros fueron la recreación de sucesos cotidianos, tan monótonos como la rutina que los origina una y otra vez. Aquellos que muestran mis más oscuros deseos son los que siempre dejan un sentimiento de nostalgia al percatarme de que solamente eran un sueño.

Las emociones enterradas en el inconsciente suben a la superficie a través de los sueños; recordar fragmentos de los mismos puede ayudar a descifrar los sentimientos que se produjeron en determinadas situaciones. En su obra La interpretación de los sueños, el médico austriaco Sigmund Freud nombra al sueño como contenido manifiesto del sueño y al material hallado por medio del análisis lo denomina contenido latente del sueño. Las experiencias oníricas se dividen en tres categorías:

  1. Sueños que poseen sentido: son breves en general, frecuentes y no llaman la atención porque carecen de todo aquello que nos causa extrañeza o asombro. Muestran claramente un deseo no reprimido.
  2. Sueños que presentan coherencia y un claro sentido, pero causan una confusión moderada. Muestran un deseo reprimido disfrazado de representaciones gráficas.
  3. Sueños que carecen de sentido y comprensión porque se muestran incoherentes y embrollados. Muestran un deseo reprimido.

Todo el material que compone el contenido del sueño procede, principalmente, de las experiencias diurnas. Lo característico del estado de vigilia es que la actividad mental procede por conceptos y no por imágenes. Una teoría considera que los sueños son consecuencia de una perturbación del reposo. Por lo tanto, las fuentes oníricas se dividen en:

  1. Estímulo objetivo. Una vez conciliado el reposo, nuestros órganos sensoriales permanecen en contacto con el entorno. Si un impulso alcanza cierta intensidad logrará despertarnos o hacernos soñar con aquello que nos estimula por medio de los sentidos.
  2. Estímulo subjetivo. Son fuentes que no dependen de causas exteriores, sino de imágenes animadas y cambiantes.
  3. Estímulo orgánico. El cuerpo humano envía señales al cerebro para estimular la actividad onírica sin necesidad de estar enfermos. Los aparatos digestivo, urinario y sexual son los que estimulan principalmente al organismo.
  4. Estímulo psíquico. Aquello de lo que nos ocupamos durante el día es fuente de experiencias oníricas.

Los sueños se componen de las impresiones de los días anteriores; recuerdan no sólo lo esencial e importante, sino lo circunstancial y desatendido. Así mismo, disponen de nuestras más tempranas impresiones infantiles, reproduciendo detalles de dicha edad que nos parecen insignificantes. En consecuencia, el sueño es un fenómeno de realización de deseos que aparecen en un proceso llamado deformación onírica, la cual se origina en la censura que el sujeto ejerce contra la libre expresión de sus deseos al encontrarlos reprobables por algún motivo.

Existen muchos sitios web dedicados a las personas interesadas en conocer el significado de lo que han soñado. Se caracterizan por el uso de afirmaciones vagas, contradictorias y cuyo procedimiento inicial es la especulación ya que no aportan ninguna prueba o argumento científico para confirmarla. Sólo una persona capacitada puede ayudar a descifrar el mensaje que está comunicando el inconsciente utilizando dos procedimientos distintos. El primero se llama interpretación simbólica, la cual toma el contenido de cada sueño en su totalidad y procura sustituirlo por otro. Es ineficaz cuando los sueños se muestran confusos y enredados. El otro se denomina método descifrador, el cual considera el sueño como una especie de escritura en la que el significado de cada signo puede ser sustituido por otro de concepto conocido. Para alcanzar el objetivo, es necesario conocer el contenido del sueño, la personalidad y las circunstancias del sujeto.

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