Texto: Antonio Cruz Coutiño
Fotografía: Iván Besares

Metafóricamente es verdad, “basta una neurona para pensar” tal como anuncia desde lejos esta publicación, que intenta capturar primero y llenar después nuestros sentidos; llenar nuestros ojos y oídos, llenar nuestra sensibilidad con lo que somos; con nuestras costumbres, creencias y mitos; con nuestras prácticas culturales; con nuestro habla particular, geografía, historia y artes populares; con nuestro Chiapas, nuestra identidad.

Esto es razón suficiente para, desde este espacio y desde nuestra experiencia e inclinaciones, transmitir el regusto por las esencias de la tierra y el territorio, la gente, nuestra gente y nuestros pueblos; el barro, la madera y el textil; los cementerios, calles, caminos y mercados; las cantinas, la marimba y los colores; el paisaje, los sabores, la taberna y el atol; los tamales, el chocolate y el buen pozol; nuestras ciudades mayas, creencias, personajes históricos y leyendas. Y en fin, transmitir incluso, pinceladas de la arquitectura rica, presente en mercados, iglesias y fuentes o en casonas y antiguas haciendas, como La Valdiviana en Cintalapa, o en las capillas, acequias, puentes y casas grandes como las antiguas haciendas del Valle Central, tanto las de la Frailesca de Comitán, como las de la Frailesca de Chiapa.

Sí. Las dos frailescas, aunque también templos, haciendas, antiguos trapiches, salinas y beneficios… en los Altos de Chiapas y meseta comiteca, en el extenso valle ocosinguense hacia Chilón, Salto de Agua y Palenque; en el valle del Mezcalapa, territorio zoque; en Jiquipilas y Cintalapa, en las antiguas ganaderías de Tonalá y, ya no se diga en el Soconusco y sus campos de cacao y flores exóticas; fincas y represas, antiguos emporios cafetaleros, pero… detengámonos tantito. ¿Dos frailescas he escrito?

Y respondo que sí, e incluso cinco. Durante la época de la Colonia, los conventos dominicos, los de los hombres de la orden religiosa de Santo Domingo, los establecidos en Tecpatán, Ocosingo, Comitán, San Cristóbal y Chiapa, muy pronto compitieron con los encomenderos, en el establecimiento de esas refulgentes y lucrativas empresas agropecuarias llamadas haciendas, las mismas que abastecieron sobradamente a conventos, casas religiosas, al obispado, pueblos y ciudades incipientes.

Frailescas. Extensas zonas agrarias controladas anímica, paternal, económica y judicialmente por los frailes desde sus conventos, mediante administradores, tenientes y caporales, con la venia de Dios y el coro de sus ángeles y arcángeles. Con los derechos y patentes más prístinos, venidos de la Corona y de su magestad el rey. Privilegios superiores a los de encomenderos. Capaces de trasladar poblaciones enteras de indios, a los valles y tierras calientes. Derecheros en la adquisición ventajosa de negros esclavos.

Casa grande en la posición central, al frente un patio o plaza extensa, al centro una cruz atrial, del otro lado la ermita o capilla y a los lados, como formando un semicirculo, las casas de los baldíos. Esa fue la imagen de las antiguas haciendas frailescanas, cuya vida bien retrata la excelsa novela histórica de don Heberto Morales Constantino Jovel. Serenata a la gente menuda.

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