Su música, la playa donde descarga la violencia del mar contenido

Texto y fotografías: Edgar Laram

La cita es al medio día. Quienes conocen Tuxtla Gutiérrez saben que a esa hora el calor ronda los 33°. Pablo ya nos espera; ordenó el desayuno de un campeón: para empezar, una generosa ración de carne, chilaquiles y verduras; para rematar, una taza de buen café, café de Chiapas.

Pablo Enriquez, “Pabletion” como se autodenomina, es un músico y compositor chiapaneco; bajista, poseedor de un feeling especial, que se ha ganado un lugar en la escena musical de la capital del país. Actualmente participa de planta con Jesse & Joy, –donde es compañero de Chuz Estrada, otro talentoso músico chiapaneco– y por si fuera poco colabora regularmente con Alejando Marcovich, exguitarrista de Caifanes.

Pablo es sencillo, de trato fácil; conversamos unos minutos y pareciera que llevamos tiempo frecuentándonos. Siempre activo en la redes sociales, postea videos de algunos ejercicios, ideas o covers que practica, comenta sobre sus gustos y aficiones; opina sobre lo que le parece o no de su entorno.

Aunque su base es rockera, a Pablo le gusta también el pop; Aleks Syntek y Presuntos implicados, son buenos ejemplos. Se encuentra en una etapa en la que más allá del virtuosismo disfruta de la música bien lograda. No así de la banda o el reggaeton, de los que confiesa no estar de acuerdo, ­sobre todo, con sus letras­; aunque reconoce que hay excepciones.

–Me brincan las letras; me pregunto si en serio tenemos que caer ahí. –Nos dice mientras chochonea su pan–.

En su familia frecuentemente se bebe café. Su abuelo era un verdadero fanático, igual que su madre, y ahora él. Otra cosa que nos une a los que nos sentamos en esa mesa.

Ahora que tiene 35 años, Pablo invierte su tiempo en lo que realmente disfruta: hacer música y ciclismo. Sobre lo segundo, cualquier momento es bueno para subirse a la bici y rodar por las calles de la Ciudad de México o recorrer el Libramiento Norte de Tuxtla Gutiérrez; sobre lo primero, 2 buenísimas primicias:

Kinetic, la banda de progresivo que formaran Chuz Estrada, Ronny Sarmiento y el propio Pablo, se encuentra trabajando en una producción discográfica que rescata casi una decena de composiciones hechas entre 2002 y 2008, con el único objetivo de cerrar el ciclo que iniciaron hace ya 13 años.

Y es que el ascenso de Pablo como bajista, así como el de sus otros dos integrantes, irremediablemente pasa por lo hecho en Kinetic a inicios del dos mil. Una banda, quiérase o no, parte aguas en la escena musical chiapaneca. Primero porque ninguna agrupación de la entidad se había atrevido crear, en forma, rock/metal progresivo; pese a la corta edad de sus integrantes, el grupo ya daba muestra de su destacada ejecución en sus presentaciones; además, la ausencia de una guitarra en la banda rompió con la formación tradicional del rock/metal–progresivo. Quienes escuchamos en vivo a Kinetic sabemos que se trató de algo verdaderamente especial, una especie de click musical entre sus integrantes que finalmente derivó en un demo grabado en 2008.

Por ello, aún hoy, Pablo, Chuz y Ronny están empeñados en retomar aquello que dejaron inconcluso y grabar, ahora sí, no un demo sino un disco en forma.

No obstante su evidente crecimiento, y la intención de retomar el proyecto de Kinetic, Pablo ya no compite, por el contrario, enseña, comparte; entiende que lo que distingue a un verdadero músico es la solidez de la ejecución, que sólo puede obtenerse a través del estudio y la práctica regular. Lo demás, son más bien chispazos: “músicos de pirotecnia”, les llama.

–Para algunos la onda es mostrar lo que pueden hacer con el instrumento, pero dejan de lado lo verdaderamente importante. Verlo en Youtube no es necesariamente saber hacerlo.

Es así como día a día Pablo construye su propio sonido; los susurros que emanan de su Fender forman parte de un viaje introspectivo en el que constantemente se busca a sí mismo. No es fortuito que su proyecto de solista lleve el nombre de su hija: Becca, a quien no ve desde hace casi 4 años. La distancia emocional entre su expareja y él se ha materializado en tierra de por medio. Las instancias legales, incluso, han sido insuficientes para reunirlos tal como alguna vez lo fue. La comunicación, dadas las circunstancias, no existe.

Es entonces la música, la playa donde Pablo descarga la violencia del mar contenido, la ribera que majestuosamente acompaña el amor inconmensurable hacia su hija. Consciente de ello, ha echado mano de éste, el mejor lenguaje que conoce para establecer un lazo con Becca que nada ni nadie pueda romper, y se ha dado a la tarea de componer un disco conceptual para ella donde el bajo es el protagonista.

–Son rolas pensadas para mi hija. No es algo súper complicado, sino algo que puede escuchar cualquier persona.

El disco, en palabras de Pablo, “es instrumental pero se aleja de los solos”; incorpora sonidos electrónicos, delays y atmósferas; demanda un intenso trabajo de posproducción, que hasta el momento realizan en coproducción el propio Pablo y el también músico chiapaneco Itto Coutiño.

Acompáñanos a escuchar Odisea, uno de los tracks de Becca, “un trip de una película de ciencia ficción”.

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