Texto y fotos: Ana Leticia Bedwell

RND - Un día en All hands NepalDespertar a las 5:00 de la mañana con el dulce aroma a tierra mojada. En Nepal es monzón. Mi cama es una litera; arriba duerme Bob, un chico holandés que hoy, como todos los días, ha asomado su cabeza para saludarme en español con ese acento único. Los demás voluntarios comienzan a despertar y se escuchan los buenos días en distintos idiomas. Desde mi cama a través del mosquitero puedo observar despertar a Abby y a Daniela, quienes están enrolladas en un sleeping bag; al chico nuevo de Israel –que por cierto es muy guapo–, y a Nathalie, la francesa –porque también está Nathalie, la inglesa– que asoma sus ojos para ver si estoy despierta y se ríe de mí porque me ha cachado haciendo estiramientos en la cama.

He adoptado ese hábito: 10 minutos de estiramientos al despertar y 20 minutos de meditación. Mientras lo hago algunos toman un baño, otros hacen su desayuno y otros duermen un rato más o corretean buscando su ropa de trabajo. Imaginen un cuarto con 16 literas: 32 personas compartiendo el mismo cuarto por más de un mes. Viajamos con lo indispensable. No, no es una locura. Un poco desordenado sí, pero sorpresivamente todos tratamos de mantener el lugar en orden, y así no perder cosas.

A las 6:00 de la mañana ya se oye más ruido en los cuartos de abajo y el área de convivencia. Juan, el español, acostumbra poner música y eso hace las mañanas más enérgicas. Termino mis rutinas mañaneras y mi alma me pide café, aunque honestamente el café nepalí no es muy bueno, no podría empezar mi día sin él.

Bajar al área de comedor es súper padre, algunos están en la cocina preparando huevos, otros avena; algunos ya están desayunado pan con mantequilla de maní y plátano, y otros como yo no desayunamos más que un café. Hoy, a diferencia de otros días, se me han antojado unos huevos estrellados, así que hice una parada en la cocina donde estaba el chico australiano –del que aún no puedo recordar su nombre–, y lo encuentro escuchando esa música rara pero con el beat más sabroso para una mañana cualquiera. Compartimos una pequeña charla mientras ambos preparamos nuestros desayunos.

Los lunes tenemos junta mañanera. Luego, algunos se van a Bachchala a continuar con la construcción, otros van a Jalpa, donde la escuela está casi terminada y otros más vamos a Prithivi. Dejamos la base a las 7, así que tomo una de las playeras del voluntariado que cuelgan en el corredor, me pongo mis botas y ayudo a subir algunos garrafones de agua a la combi.

Veo que los albañiles comienzan a llegar. Cuando escucho a Chandra decir ese Namaste, didi (Namaste, hermana mayor) inmediatamente una sonrisa se dibuja en mi rostro. Namaste, bhai (Namaste, hermano menor), respondo con mucho cariño. Nos subimos a los carros que nos llevan a la obra; hoy me tocó ir con Krishna, un señor que siempre nos ameniza el camino con canciones en nepalí.

Tardamos aproximadamente 15 minutos en llegar al lugar donde se está construyendo la escuela, en el camino, pasamos un puente donde corre el río, los niños que están en las calles nos gritan: ¡Namaste! y colocan sus manitas en sus pechos, inclinando sus pequeñas cabezas. ¡Me enamoran día a día!

Llegamos a la obra y Bobby, el chico voluntario de Estados Unidos encargado del proyecto, nos reúne para darnos la bienvenida y presentar a los nuevos, también nos dice qué tenemos que hacer en el día. Hoy me ha puesto a amarrar las varillas junto a Mika y los albañiles. Trabajo que consiste en… ¿has visto las varillas que normalmente son los pilares o soportes de las construcciones?, casi siempre las vemos cuando la edificación se encuentra en obra de negra, bueno, pues esas varillas se tienen que amarrar unas a otras y enganchar a unos estribos que deben de ir ordenados de cierta forma. Al finalizar, eso se deja caer y se rellena con cemento. Bueno, Mika, los 8 albañiles y yo hemos pasado aproximadamente cuatro días haciendo esa tarea y hoy hemos llegado al final. En realidad me gusta mucho este trabajo, convivir con los albañiles es súper divertido y curioso a la vez; ellos no hablan inglés y nosotros no hablamos nepalí, así que la única forma de comunicarnos es a través de señas y las palabras: waitgoodbadproblemheretherebeautiful y algunas otras en nepalí.

Pasar ocho horas por cinco días con los albañiles ¡ha sido increíble! Ellos cantan, platican con nosotros –aunque no nos entendamos–, nos enseñan nepalí pero lo más gratificante, y algo que les agradezco mucho, es su paciencia; la calma y tranquilidad con la que nos enseñan. Obviamente soy muchísimo más lenta que ellos, sin embargo siempre esperan que termine; a veces me dicen: waiting, waiting, waiting. Cuando algo sale mal, no veo que se enojen, se quedan tranquilos y comienzan a actuar para resolverlo, así tengan que volver a empezar. Hoy, ha habido sol después de una semana y media sólo de lluvias y cielo nublado. No hace calor matador como en Tuxtla Gutiérrez a las 12 del día, pero ahí le va pisando los talones.

Udip, uno de los asistentes, se dio cuenta que las varillas que hemos estado atando por 4 días estaban mal colocadas y nos dijo que teníamos que desamarrarlas. Créeme, no quieres desatarlas. Maika y yo casi lloramos, eran demasiados nudos, ya estábamos al final y listos para el siguiente paso, y pues no, teníamos que comenzar de nuevo. Los albañiles lo único que dijeron fue: No problem y comenzaron a trabajar. Esa actitud nos hizo callarnos, ponernos en cuclillas y empezar con la mejor actitud posible. En realidad, pudo haber sido peor.

A las 9:30 am es chía time, lo que significa la hora del té y comer unos snacks nepalís llamados pakora y… realmente desearía que fuera la hora del pozol en jícara con unas tus tostadas o tacos fritos. El ambiente en la obra es muy divertido, se escucha música, las pláticas con los compañeros son muy amenas, hay buena coordinación y organización, lo que hace que todo sea mucho más fácil. Tenemos tres lemas: 1.- Have fun and don’t die (diviértete y no mueras) 2.- Smile, doesn’t matter if you fake it but keep smiling (sonríe, aunque finjas pero sonríe) y 3.- Don’t be a dick (no seas cabrón); además de algunas reglas súper importantes de seguridad y organización de las herramientas.

A las 11:30 am es hora de la comida, la hora más esperada, bueno no, la más esperada es la hora de la salida, pero escuchar a Bobby gritar: Lunch time! hace que simplemente tire mi herramienta y salga con una súper sonrisa. Comenzamos a chocar las manos como señal de que hemos hecho un buen trabajo y continuamos caminando hacia el restaurante donde todos los días comemos. Lo primero que hago es pedir un lassi de plátano, una sencilla bebida de yogurt natural con plátano, pero para mí es como mi premio por el medio día. La comida es típica nepalí. En realidad en Nepal no hay mucha variedad, es una combinación entre India y China. A las 12:30 tenemos que regresar a la obra y continuar con nuestras tareas, la música es más fuerte para recargar nuestras energías a tope y dar todo para el último jalón.

El camino de regreso es increíble, aunque todos estamos muy cansados. Nadie quiere hablar. Krishna pone un poco de música en nepalí, los niños que vienen saliendo de las escuelas nos ven y gritan Namaste poniendo sus manos en el pecho.

Llegar a la base, recibir sonrisas y un “cómo estuvo tu día”, por parte del staff realmente se siente bien en el alma. Algunos de los voluntarios salen corriendo por ganar un baño y otros simplemente vamos por un cerveza como compensación. A las 4:30 pm tenemos junta, ahí Bobby y los líderes de grupo dan a conocer los éxitos de la jornada y el trabajo que se hará el día siguiente. El staff aprovecha para darnos alguna recomendación o alguna nota.

6:30 pm es la cena, estamos tan hambrientos que todo sabe delicioso. Después, vamos al río, sobre todo los días de calor. El agua siempre está fría, ya que proviene de los Himalayas. Conforme va cayendo la tarde, algunos leen, otros hacen música en el área común y otros simplemente se van directo a dormir.

Los viernes son de fiesta, ya que el sábado no se trabaja. A veces se establecen actividades como juegos de póquer, clases de baile o de música, se organizan idas al río o se juega futbol; pero aunque sea día libre, el horario de guardar silencio es a las nueve de la noche, a las 10 ya no debería de haber ningún enfiestado. Todos a dormir.

El sábado,, cada uno hace lo que quiere, aunque también se planean actividades: hace 8 días tuvimos clase de cocina, nos enseñaron a cocinar momos y al mismo tiempo se juntó dinero para dárselo al cocinero de la casa, quien perdió todo con el terremoto. Esa fue una manera de ayudarle. El domingo es de trabajo en todo Nepal, y también en All Hands

Cada dos semanas hacen rotación de voluntarios, ya que, como había comentado, hay dos sitios más que se están construyendo: Bachchala y Jalpa. Como voluntario, si te quedas por un mes o más, podrías tener la oportunidad de ir algunos de estos lugares.

 

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