Texto:  Redacción / Petra Feike 

 

El día de ayer 4 de agosto, como parte de una iniciativa de varias asociaciones civiles, se llevó a cabo la primera celebración del Día del Libro en Chiapas. Dicha iniciativa tiene como propósito incentivar a los chiapanecos a iniciarse en el hábito de la lectura o motivarlos a que continúen con él. Esta campaña forma parte del programa “Chiapas LEE” mismo que incluye una primera lista con los 25 libros que todo chiapaneco debería leer.

Revista Neurona sabe de la importancia del hábito de la lectura y te presenta cinco buenas razones para leer.

 

1. Leer desarrolla los mecanismos psicofisiológicos operantes en el proceso lector.

La lectura es un proceso cognitivo complejo, que se caracteriza por los mecanismos propios del proceso lector, que operan de manera paralela y simultánea desde la percepción visual de las letras, hasta la interpretación del contenido. Entre otros, son parte de este proceso los mecanismos de la memoria operativa y los de la memoria a largo plazo.

Desde este punto de vista, leer es una actividad deportiva: quien lee mucho y con frecuencia, entrena los mecanismos propios que se activan en la actividad lectora y, conforme a ese entrenamiento, propicia un mejor rendimiento en la misma.

2. Leer entrena el pensamiento y el lenguaje.

Con este entrenamiento también se desarrollan las habilidades comunicativas en todas sus manifestaciones: hablar, escribir, escuchar y nuevamente la lectura.

Según Antonio Viñao Frago, “no se trata de hacer leer, sino de hacer pensar, [pues] el pensamiento genera lenguaje y viceversa”; como decía Vygotsky, “la relación entre pensamiento y palabra es un proceso viviente, el pensamiento nace a través de las palabras […] las palabras tienen un papel destacado en el desarrollo del pensamiento como en el desarrollo histórico de la conciencia en su totalidad”.

Generalmente, quien disfruta leer, también disfruta escribir, las ideas que nacen durante o a partir de la lectura se plasman y ordenan en el acto creativo de la escritura.

3. Leer permite la formación de un criterio propio y el pensamiento crítico.

Como consecuencia del desarrollo del pensamiento, cuando leemos, fluyen mejor las ideas y asociaciones, y con el tiempo, el cúmulo del conocimiento desemboca en un pensamiento crítico, no sólo acerca de lo que leemos, sino en la lectura del mundo mismo. Nos hacemos de un criterio propio, de una posición, asumimos una postura; en este sentido, leer se vuelve también un acto político.

4. Leer satisface las necesidades psicológicas inherentes a la naturaleza humana de querer aprender, socializarse e identificarse.

Al fin y al cabo, todo el acervo de escrituras de la humanidad existe para socializar el conocimiento, ya sea por fines políticos, económicos, educativos, etcétera. El individuo, al acercarse a un texto, forma parte del cúmulo de conocimiento de la sociedad.

Al asumir una postura ante lo que leemos, nos identificamos a favor o en contra, nos gusta o no nos gusta; es decir, en cierta medida afirma o cuestiona nuestra identidad, como cuando leemos y nos sentimos comprendidos o cuando leemos y no estamos de acuerdo con el autor.

En todo caso, sea con un fin explícito o no, el acto de leer casi siempre es también un acto de aprendizaje, en cuanto a que se adquieren nuevos conocimientos o comprensiones del mundo y de nosotros mismos. La naturaleza humana está guiada por la inercia interna de querer aprender, la actividad lectora se distingue de otras formas de aprendizaje en cuanto a que implica un modo activo de involucrarse; esto es, conducir la mente hacia una acción específica y ejecutarla, lo que no es el caso con muchas otras fuentes informativas (audiovisuales), donde el input puede ser casi automático e incluso involuntario.

5. Por último, leer nutre al espíritu.

El impacto que tiene la lectura sobre nosotros, en los niveles invisibles a primera o segunda vista, es lo que nutre al espíritu humano: aquello que nos apasiona como lectores, aquello que nos impulsa a seguir leyendo, aquello en nosotros que intuye la importancia del acto de leer, aquello que nos transforma a partir de una lectura, aquello que nos inspira a escribir, a pensar y a soñar. Cuando lector y texto se vuelven uno, leer se puede considerar un acto espiritual.

La lectura del mundo precede al mundo de la palabra, por lo que el acto de leer siempre se ve ligado a la esencia humana y su con-texto particular, único en cada caso. Quien propicia la lectura involucra su ser de múltiples formas para cumplir con su misión que es: seducir a la lectura. De facto, es un artista multidisciplinario: psicólogo, deportista, político, guía espiritual; pero ante todo, es amigo, amante, padre, hermano e hijo de los libros y de la palabra escrita, en la que se refugia, y de la que emerge, como un peregrino buscador de una fuente, en el vaivén desértico entre lo decible y lo indecible.