Lesly es una pintora mexicoamericana de 28 años que actualmente trabaja en una colección que tiene por motivo la miel. 

Texto y fotografía: Edgar Laram

Parte I
Un rostro puede contar una historia y eso es lo que yo quiero, contar una historia.

¿Crees en la inspiración?

No soy así. Lo mío es algo obsesivo, deriva de algo que vi o de algún recuerdo. Sólo pienso en eso y busco imágenes relacionadas. Soy un poco obsesiva en el orden y la limpieza, no de gérmenes o algo por el estilo, sino con mi material de trabajo.

¿Entonces, nada del cliché del artista inspirado y desorganizado?

Bueno, soy un poco despistada. Eso sí es cierto. Soy de las que se mete en sentido contrario cuando maneja, pero con mi trabajo no.

¿Primero fue diseño gráfico y luego pintura o viceversa?

Siempre ha sido pintura.

¿Qué fue el diseño entonces?

Una carrera que escogí porque de algo tengo que vivir. La pintura bueno, el arte al principio no deja mucho, es pura fama, nombre.

La pintura y el diseño son dos mundos diferentes que tienen la misma raíz. El propósito del diseño es servir y la pintura es un capricho, ¿me entiendes?, es como comer un postre, no tiene función alguna pero es algo que quieres.

A ti te gusta pintar rostros.

Me gusta capturar un momento, los gestos. Desde siempre me he fijado mucho en la cara de las personas. Me encanta observar a la gente, se me hace tan peculiar cómo todos pueden tener boca, nariz, ojos y nadie se parece. Una mínima diferencia y eres otra persona.

Entonces, nos ves como objetos de estudio.

No, para nada. Se me hace interesante visualmente. Imagino cómo es la vida de la persona. Un rostro puede contar una historia y eso es lo que yo quiero, contar una historia.

¿Qué otra disciplina influye en lo que haces?

La cocina; sus colores, texturas. Estoy obsesionada con los postres. Últimamente todos mis bocetos son postres. Trato de pensar en otra cosa pero no puedo. Ahorita no.

¿Y comes mientras trabajas?

No —suelta una carcajada—. Por hacer eso me intoxiqué en mi clase de serigrafía.

¿Cómo fue eso?

Saliendo de clase fui a comer algo y terminé intoxicada. Me llené de ronchas y paré en la enfermería. Tuvieron que inyectarme Avapena.

¿Qué parte del cuerpo humano te gusta pintar, aparte del rostro, claro?

La espalda, la estructura de la espalda —se queda pensando— porque tiene mucha conectividad con otros elementos u objetos. La estructura ósea se me hace muy interesante.

Supongo que has tenido que estudiar un poco de anatomía.

Sí. De hecho mi hermana estudió medicina, entonces tengo un chorro de estudios de anatomía. Y sí ayuda eh.

Finalmente todo te nutre para pintar, ¿no?

Lo visual más que otra cosa. Cuando investigo sobre un artista me importa más su obra que lo que dice, su estudio, su forma de trabajo. Me gusta ver cómo tiene organizado todo, pero creo que eso es por chismosa —ríe mientras reflexiona, toma un cigarro, lo acerca a su boca y lo enciende—.

Despreciaste el cigarro que te traje.

Me dio un poco de pena.

 

Parte II
Hay gente que es autodidacta, que sólo necesita que le den las facilidades y hay gente a la que se le tiene que enseñar.

¿Cómo fue tu acercamiento al arte?

Nadie de mi familia pinta. Tengo un tío que fue poeta, Raúl Garduño. Es conocido aquí, pero nada qué ver. Es más, tengo pésima ortografía, no me hagas escribir algo porque……algunas veces me han preguntado qué quise decir en un texto y les digo que mejor se los dibujo.

¿Tus padres te han apoyado desde siempre?

Sí, desde pequeña –se detiene–. Hubo un momento en que le pedí a mi mamá que me metiera a clases de dibujo con Gabriel Gallegos. Dibujaba mucho. Todavía no había utilizado el óleo y ni idea de cómo se usaba. Mi mamá me dijo que no.

Luego busqué a una maestra y de nuevo la respuesta fue no. Cuando le pregunté por qué, me dijo que la razón era que yo tenía mi estilo y mi forma de hacer las cosas, que al ir a clases los maestros imprimirían su estilo en mí y dejaría de ser mi obra. Recuerdo que me dijo, eres innata en esto; para qué quieres regarla.

¿Qué piensas de eso?

En ese momento dije, “¡no manches!”, pero ahora sé que tenía la boca llena de razón. Porque lo que pasó fue que compré mis óleos y cagándola aprendes; aprendí cómo se comporta el material, investigué cómo se mezclan los colores, cuánto de aguarrás puede usarse, si se va a agrietar o no, cosas técnicas que tal vez hubiera aprendido en clases a costa de mi estilo.

Hay gente que es autodidacta, que sólo necesita que le den las facilidades y hay gente a la que se le tiene que enseñar.

En esa época era una niña muy callada y dibujar era lo único que me interesaba.

¿Y ahora?

Igual.

 

Parte III
Quiero pensar que los cuadros tienen alma, que no son simples objetos vacíos que sólo adornan tu pared y combinan con tus muebles.

¿Qué opinión te merece el paisajismo?

Me aburre. Aunque pensándolo bien, como está el mundo, ser paisajista no es tan mala idea —sonríe—. Prefiero el realismo y surrealismo. Tienen más substancia. Si compras un cuadro vas a pasar frente a él toda tu vida, más vale que sea algo de substancia, no algo que olvidas que está ahí; es como si le quitaras el alma al cuadro. Quiero pensar que los cuadros tienen alma, que no son simples objetos vacíos que sólo adornan tu pared y combinan con tus muebles.

¿Crees que Tuxtla es un buen lugar para lo que haces?

Para presentar algo no es un lugar tan adecuado porque no hay mucha gente que se exponga al arte, que sepa, lo analice y sobre todo que lo disfrute. No es que tengas qué saber de arte para disfrutarlo, es de sentido común, lo feo es feo, no se oculta y viceversa. Lo que pasa es que aquí la gente se interesa más por otras cosas y pues qué cagada su vida.

¿A qué le atribuyes esa falta de interés hacia el arte?

Yo creo que no le han dado la difusión suficiente. No sé mucho de política pero creo que tiene que ver con quién está al mando. Al gobernador [2006-2012] le interesaban mucho los espectáculos y pues había muchos eventos de espectáculos, pero hubo otras personas a quienes les interesaban las artes y se les dio promoción. Todo está en el dinero que se le invierta y la manera en que involucras a los medios.

¿Y cuál sería el papel de la sociedad en ese escenario?

No puedes saber que te gusta algo si no has sido expuesto a ello, cómo sabes que hay algo interesante si no se le da difusión, ¿cómo es que en San Cristóbal sí se da?, estamos a media hora y aquí no hay nada.

¿Qué sigue para ti?

Ahorita me interesa completar toda una colección. Por el momento esa es mi idea. No quiero pensar en qué es lo que sigue. Yo simplemente disfruto.

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Edgar Laram
Ex hater profesional, amante del diseño, la fotografía, la música y los libros —no precisamente en ese orden—. Piensa que la vida debe acompañarse de una generosa taza de café y cree en el amor y en otras mentiras.